sábado, 26 de enero de 2008

El pañuelo islámico - El otro fundamentalismo


Al leer, en el estupendo blog de Pablo, Turquía: la puerta entre Oriente y Occidente, este artículo El primer ministro turco aviva el debate sobre el velo islámico, recordé este otro relato del blog Estagira (de la pluma de mi amigo Joaquín García-Huidobro Correa), que copio a continuación:

(la foto es mía, licencia CC)



El otro fundamentalismo


Meryem ha llorado como nunca en sus 17 años. El Director de su liceo expulsó la semana pasada a dos amigas suyas por el delito de llevar un velo en la cabeza. Después, recorrió todos los cursos. Cuando llegó al suyo se lo veía francamente indignado. Dijo que no toleraría ninguna violación de la laicidad de la escuela. “El Estado francés está separado de la Iglesia y así seguirá por los siglos de los siglos”, dijo el Director con cara tan inexorable como la de Robespierre.

Con toda esta historia, Meryem está bastante desconcertada. Ella siempre había oído en su casa que la prohibición del velo era un ejemplo más de cómo los cristianos persiguen a los musulmanes. Pero hace unos días oyó que le habían impedido a un sacerdote católico ingresar a un recinto escolar por el solo hecho de andar vestido de clérigo. Como es buena alumna —la mejor del curso— no se quedó tranquila hasta que descubrió que a los musulmanes se les estaban aplicando normas cuyo origen es muy antiguo, que en su tiempo se dictaron contra los católicos. Eso se lo dijo Monsieur Petit, el profesor de Filosofía.

Ella no usa el “chador”, pero le gustaría mucho hacerlo, como su madre y sus valientes amigas. Le ha prometido a Alá que cuando sea secretaria nunca se lo va a sacar. El sueño de su vida es ser secretaria de una multinacional petrolera. Habla tres idiomas a la perfección y nadie escribe más rápido que ella en el computador. Cuando está sola en su casa se imagina hablando por teléfono con todo el mundo y traduciendo correspondencia en los más diversos idiomas.
A pesar de todo, Meryem piensa que todo esto no se habría iniciado si no fuera porque ellos son árabes y además son pobres, “maghrébin”. Hace unos días, Jacques fue a la Escuela con una polera de un grupo satánico de rock pesado. Nadie le dijo nada, a pesar de que era horrorosa. Además, la gente puede llevar todo tipo de peinados y sombreros. Lo único que les desagrada es que alguien se ponga un velo porque lo dice una religión.

Tampoco entiende la lógica de todo este asunto. Ella respeta el hecho de que el Estado francés no tenga una religión oficial. Sin embargo, el Estado tampoco ha declarado que una música o un deporte tienen carácter oficial. No sólo la religión, sino también la música, el arte, el deporte y la comida están separados del Estado. Y sin embargo nadie prohibe ir a la escuela con un distintivo deportivo, a pesar de que eso sí causa discordia, al menos en su curso, donde los hijos de españoles han peleado con violencia a propósito de un equipo que tiene mucha plata pero al que ahora parece que le va mal. Todo esto muestra que lo que en el fondo les molesta a las autoridades es que haya algo que aluda a Dios, por más que Francia sea incomprensible sin la religión, comenzando con Notre Dame, abarrotada de turistas.

Meryem no tiene pelos en la lengua, pero sabe muy bien hasta dónde se puede llegar en un país extranjero (que, dicho sea de paso, es el de su nacimiento). Hace dos semanas le dijo al profesor de Filosofía que en toda esta historia los más fundamentalistas son ellos (los laicistas). De inmediato se dio cuenta de que no podía volver a decirlo, ni siquiera a Monsieur Petit. Descubrió que si seguía por ese camino nunca llegaría a ser secretaria. Cuando uno es un Don Nadie es mejor quedarse callado. Para eso están las lágrimas. Ya le llegará el momento de hablar.


3 comentarios:

Pablo Rodríguez dijo...

Si se trata de descalificarse mutuamente, éste es el tema perfecto. Además, la descalificación es de nada menos que de fundamentalista. Pues nada, ¿a qué esperamos para intentar analizar el problema con seriedad? ¿A que los debatientes se saquen los ojos? ¿O tienen que producirse muertes?

Perdone la ironía, que como puede comprender, no va en absoluto contra usted, Marta, ni siquiera contra del autor del artículo, sino contra el meollo de la cuestión. Al autor del artículo se le puede reconocer que tiene impacto, pero vamos, el problema es más serio y desde luego no es el único, ni probablemente el más importante (incluso si se asume sin fisuras la posición oficial francesa) que tiene la enseñanza media en Francia (y el mundo occidental, al menos).

No tengo «la solución» para este problema, pero sí me parece interesante problematizar más el asunto. Con esto quiero decir que a lo mejor en este asunto hay cuestiones en juego que no son de resolución fácil. Y sobre todo para deshacer presuntas incomprensiones para por las dos partes, porque por ejemplo, bajo el lema de «eso lo hacen los cristianos para perseguir a los musulmanes» cabe cualquier revolución por cualquier cuestión.

Ambas partes hacen mal en enfocar el debate como una cuestión religiosa (o mucho menos como una manifestación cultural de una dimensión religiosa). Eso se nota a veces en que el debate (no la negocación verbal, sino el esclarecimiento mutuo a través del diálogo) está lastrado a veces por las posiciones personales a propósito de la religión. Por supuestísimo, en ambos sentidos.

Empezando con el Estado frances, que es laico en el sentido de separación estricta de Iglesia y Estado, pero a veces tengo la impresión que el principio de laicidad francés es un ateísmo oficial, lo que es problemático cuando ha de aplicarse a personas. El Estado no debe extralimitarse en esas cuestiones, fundamentalmente porque una cosa es ser tener que cumplir normas comunes y otra muy distinta ser súdbito del Estado. En el fondo, creo que el problema de los países muy estatalistas (Francia estaría a la cabeza) es que le han pedido a sus ciudadanos una sumisión pseudoreligiosa al poder del Estado. Desde cierto punto de vista histórico, eran envidia de autoridad y sumisión de la Iglesia por parte del Estado (Hitler lo puso por escrito así, no me acuerdo dónde, aunque despreciase la sumisión a la Iglesia). Pero para darnos cuenta de que ser ciudadanos no es estar finalizado por el Estado, hemos tenido que tener totalitarismos.

Si la cuestión del velo fuese una cuestión religiosa, e indenpendientemente de cómo se plantee en Francia (porque nos lo vamos a tener que plantear en toda Europa), prohibir el pañuelo estaría totalmente injustificado. Parece que ése es el camino francés, creo que totalmente equivocado.

Sin embargo, respecto la cuestión religiosa, me parece que es importante distinguir dos cuestiones, dichas muy mal y muy pronto: cada cual se organiza la azotea como le viene en gana, en caso de conflicto entre la azotea y las normas que todos debemos cumplir, de la adaptación se tiene que responsabilizar la persona, no quien hace las normas (con excepciones muy tasadas de limitación normativa). De otra forma, la libertad de conciencia sería la manera perfecta de saltarse las normas que obligan a todos.

Pablo Rodríguez dijo...

¿Cabe invocar la libertad religiosa y que prevalezca en todo caso? Para cuestiones puramente de conciencia, sí, para el resto, depende. Como no puedo hacer una teoría general del asunto, ni es mi intención, la pregunta directa sería la siguiente: ¿cabe que los padres denieguen la transfusión de sangre a su hijo menor de edad por razones religiosas? El caso se ha dado y no sé cómo se ha resuelto. Mi respuesta es categóricamente no y no prevalece ningún motivo de conciencia. ¿Por qué no? Pues por el mismo motivo por el que se le quita la custodia a los padres en Occidente si no se hacen cargo del hijo (maltrato, desnutrición... ). Si la respuesta fuese contraria, no habrá justificación para quitar la custodia a los padres o tutores, hagan lo que hagan.

Se puede objetar que eso es para proteger el bien del menor y que no sería lo mismo si fuese un adulto sobre su propia persona. Es cierto, pero también se muestra, que al menos frente a terceros puede haber limitaciones externas que personalmente puedan ser vividas como limitaciones a la libertad religiosa. El «tengo derecho» no vale siempre frente a todos o frente a todo.

Lo que está en juego en Europa es la integración de la comunidad musulmana, que no está hecha porque parte de los fudamentos de civilización totalmente distintos a los nuestra civilización occidental. Estos fundamentos de civilización no son una cuestión religiosa, sino cuestiones del sistema normativo en el que se mueven. Eso que suena muy abstracto, es darse cuenta que todas las personas somos libres e iguales ante la ley sin discriminación que no sea procedente (y en Occidente nos llevó siglos darse cuenta de eso).

¿Debemos prohibir el pañuelo para favorecer la integración? No. A pesar de que el pañuelo pueda llegar a ser un elemento de no integración dependiendo de los casos (no digo que lo sea siempre, pero en muchos casos lo puede ser). La integración supone entender, aceptar y funcionar con que las normas rigen para todos, no otra cosa. Es deseable también que se hagan, no que mimeticen, con la lengua, cultura y ciertas costumbres del país en el que viven.

Un último punto sobre la integración. Cuando se estaba discutiendo la reforma legislativa en Francia sobre símbolos religiosos y políticos (alguien dijo que se empezó hablando de la integración de la comunidad musulmana en Francia y la regulación sencillamente se desvió), aquí también se estaban discutiendo casos del velo. Pero hubo un caso que pasó apenas despercibido (o del que yo me enteré de casualidad) sucedido en ciertas zonas de Cataluña. Al parecer, en diversas poblaciones con una cierta población musulmana, el representante de esa comunidad había ido al ayuntamiento para pedir lo que en resumidas cuentas pedir horarios excluyentes de uso segregado por sexos de las piscinas municipales, para que «sus mujeres» se pudiesen bañar sin que las miren varones.

Me parece que la respuesta a la propuesta fue negativa (la Constitución prohibe la discriminación por razón de sexo) y creo que la cosa luego quedó en que: «bueno, cuando seamos más ya impondremos nuestras normas» (o sería del artículo de opinión que comentaba la noticia, no me acuerdo).

Entiendo que el asunto está en una cuestión de no discriminación por razón de sexo (en ambos lados). En espacios públicos (de titularidad de quien sea, pero abiertos al público) esa discriminación no está justificada. Y si es lógico que regulemos una relación privada como es un contrato de trabajo para que no se discrimine por razón de sexo, entre otras, también es lógico que no haya horarios en los que esté prohibido por razón de sexo entrar en un lugar abierto al público.

Nadie obliga a nadie, ya no a ir a la piscina, sino a no usar un tipo de bikini, a estar sometido a acoso sexual o similar. Ahora, si a uno le molesta que le miren, la vida social, dentro y fuera del agua, le va a resultar realmente difícil.

Marta Salazar dijo...

Pablo, te lo agradezco!

podrías escribírselo a Joaquín en su blog? aunque hace siglos que no lo actualiza y ni siquiera lo vé, yo le mandaría un mail diciéndole que un amigo mío escribió un comentario ;)

Un saludo grande!