miércoles, 8 de diciembre de 2010

El estado no tiene la tarea de emitir juicios de verdad sobre la religión

Es la continuación de ¿Quién decide, de una manera políticamente vinculante, cuál es el error y cuál es la verdad? De la entrevista a Martin Rhonheimer, „Der Staat fällt keine Wahrheitsurteile“ = No corresponde al estado emitir juicios sobre la verdad.

Pregunta: ¿Significa esto que el Concilio llevó a cabo un cambio de perspectiva: abandonar la perspectiva de los derechos de la verdad hacia la persona?

Sí, este es precisamente el punto. Por supuesto, es comprensible que los papas hayan luchado contra el estado laicista del siglo 19. En el Concilio Vaticano II, se ha logrado, sin embargo, separar (entkoppeln = desacoplar) esta ideología laicista de una correcta concepción del estado secular -una "sana laicidad del Estado", de la que habla hoy la Iglesia- y disociar sus tareas.


El Concilio defendió, sin compromiso alguno, la existencia de una verdad religiosa que enseña en su plenitud, sólo la Iglesia católica y que el hombre está obligado a buscar la verdad. No obstante, no es tarea del estado decidir cuál es la religión verdadera. La separación entre la Iglesia y el estado es un logro de la civilización moderna, pero que está claramente establecida en el carisma fundacional del cristianismo y hunde sus raíces en el Evangelio ("Dad al César lo del César al Dios lo que es de Dios").


Esto no quiere decir que el Estado no pueda promover (fördern es una palabra difícil de traducir) una religión mayoritaria y que impregne históricamente a la cultura; lo que no puede es discriminar otras religiones. Esto no porque la reconozca como la religión verdadera, sino porque es la mayoritaria y es parte de la cultura de un pueblo. El estado no tiene la tarea de emitir juicios de verdad acerca de la religión.

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