miércoles, 3 de junio de 2015

A 275 anos de la abolición de la tortura en Prusia


Hoy, hace 275 anos, el rey Federico II abolió la tortuta en Prusia.

La tortura era, hasta entonces, no un castigo, no era una pena, sino era un mecanismo para saber la verdad, mediante la confesión del/ de la inculpado/a. Estaba reglamentada con detalle en la legislación.

El objeto de la tortura era que la persona confesara su delito y si no lo confesaba dentro del tiempo que legalmente correspondía torturarla, debía ser dejada inmediatamente en libertad. En aquel entonces, indicios, pruebas técnicas (como las que conoce hoy en día la criminología) eran desconocidas y se desconfiaba del testimonio de otras personas, ya que se decía -no sin razón- que los testigos podían mentir para prejudicar al inculpado que debía el mismo reconocer su culpa y, si no lo hacía después de ser torturado, era considerado inocente.

La filosofía sobre la que se basaba era la protección del estado, de la comunidad frente y no la defensa del individuo frente al estado. Con la Ilustración, esta forma de ver las cosas, cambió y se dió más importancia a la protección del individuo, lo que llevó a la abolición paulatina de la tortura, a partir del siglo 18.

El rey Federico seguía en esto, a los filósofos ilustrados y se enfrentó a la resistencia de los juristas (abogados) alemanes, que presagiaban el advenimiento del caos total si se terminaba con esta forma de averiguar la verdad. A veces, es mejor confiar en los filósofos...

Conservó la tortura para la investigación de algunos delitos: außer bei delitos contra el rey o de alta traición (Majestätsverbrechen), traición a la patria, y asesinatos de muchas personas (masacres o genocidios, los llamaríamos hoy).

Con la abolición de la tortura, el derecho penal no devino en un caos y la sociedad prusiana no colapsó. Era la mejor prueba -para otros países- de que el fin de la tortura no provocaría la catástrofe que algunos vaticinaban.

Hoy, aunque lamentablemente aún se pratica, "a escondidas", la tortura es mirada como un mal inaceptable y con el que hay que terminar.

Sí, hay un progreso social, no sólo un progreso técnico. Avanzamos... hay retrocesos sí; pero, en general, progresamos.

Se los digo con mucha sincerdad: si hoy aún tuviéramos tortura en Alemania, me temo que algunos de mis conocidos ultra conservadores, defenderían y justificarían sus existencia...