miércoles, 11 de junio de 2008

El muro invisible que divide a Europa


Si yo leyera el título y no hubiera escrito el post, pensaría inmediatamente y casi como un reflejo, en el tratado de Schengen...

Queridos amigos: desde hace días, quiero poner un enlace -y copiar el texto- al artículo de nuestra querida Ljudmila, Juan Pablo II recordando su primer visita de 1979 a Polonia

Lo copio, especialmente ahora que algún político... de la liga de las familias polacas ha propuesto quitar la nacionalidad polaca a Poldi (ver el artículo Alemania: 2 Polonia: 0 y su foro) por los dos goles de este goleador polaco-alemán.

Triste, triste, porque se olvida que el fútbol es un deporte y, por tanto, un juego y se sacan, a mi modo de ver, las cosas de quicio. Un poco de bromas entre los diarios que menciona Higinio es okay; pero cuando un político se toma en serio este tipo de cosas... es que ya estamos muy mal.

La cita de Juan Pablo II en el primera visita a su país, en 1979, de una actualidad inusitada o debiera decir, siempre actuales... Las negritas son mías.

Ha quedado profundamente grabado en mi mente el encuentro de Gniezno de junio de 1979, cuando por primera vez el Papa, originario de Cracovia, pudo celebrar la Eucaristía en la colina de Lech, en presencia del inolvidable Primado del milenio, de todo el Episcopado polaco, de muchos peregrinos que vinieron no sólo de Polonia sino también de los países limítrofes.

Hoy, dieciocho años después, sería preciso volver a aquella homilía de Gniezno que, en cierto sentido, se convirtió en el programa de mi pontificado… Desde este lugar se derramó entonces la gran fuerza del Espíritu Santo. Aquí el pensamiento sobre la nueva evangelización comenzó a revestir formas concretas. Mientras tanto se llevaron a cabo grandes transformaciones, surgieron nuevas posibilidades, aparecieron otros hombres. Cayó el muro que dividía a Europa… Terminó medio siglo de separación, por la que millones de habitantes de la Europa central y oriental pagaron un precio terrible.

Por eso, aquí, ante la tumba de san Adalberto, hoy doy gracias a Dios todopoderoso por el gran don de la libertad que ha concedido a las naciones de Europa… pero no será que después de la caída del muro visible se ha descubierto otro, invisible, que sigue dividiendo nuestro continente: el muro que pasa por los corazones de los hombres?

Es un muro hecho de miedo y agresividad, de falta de comprensión hacia los hombres de origen diverso, de diferente color de piel, de diversas convicciones religiosas. Es el muro del egoísmo político y económico, de la disminución de la sensibilidad ante el valor de la vida humana y la dignidad de todo hombre…. Su sombra se extiende a toda Europa.

La meta de una auténtica unidad del continente europeo está aún lejana. No habrá unidad en Europa hasta que no se funde en la unidad del espíritu. Este fundamento profundísimo de la unidad llegó a Europa y se consolidó a lo largo de los siglos gracias al cristianismo con su Evangelio, con su comprensión del hombre y con su contribución al desarrollo de la historia de los pueblos y de las naciones


2 comentarios:

rsanzcarrera dijo...

Hola Marta:
Muy buen artículo.
Efectivamente, es necesario crear y favorecer un sentir común, que nazca desde el interior, algo así como una "sentimiento europeo", pero quizás el paso previo sea ir haciendo caer en la cuenta y alimentando la "conciencia europea". No se puede amar lo que no se conoce.
Un saludo cordial de Rafael

Marta Salazar dijo...

gracias Rafael! sí, así pienso yo también, un abrazo y de nuevo, gracias!