martes, 24 de enero de 2012

La carta de un desconocido o los 14 días de Stefan Zweig en la Unión Soviética

La columna Una pistola en el cajón de Joaquín García-Huidobro, sobre los dichos de Vallejos en diario espanol (como podía ser de otra forma), me hizo recordar el relato de Stefan Zweig sobre su viaje a la Unión Soviética, que traduzco, a continuación, para Uds.:

Del capítulo Sonnenuntergan (Puesta de sol o atardecer) de las Memorias de este gran poeta, escritor y pensador austriaco, traduzco libremente.

Gracias al experimento bolchevique, Rusia se había convertido en el país más fascinante de la Postguerra, para la gente pensante. Sin conocerlo, algunos lo admiraban entusiasmados y otros, se declaraban sus más acérrimos enemigos. Debido a la propaganda y a la contrapropaganda, nadie sabía muy bien qué es lo que realmente ocurría en Rusia. Pero se sabía que algo completamente nuevo se estaba probando; algo que decidiría -para bien o para mal- el futuro de nuestro mundo (...).

Mis libros eran muy conocidos en Rusia. No sólo las obras completas con la introducción de Maxim Gorkij, sino también, ediciones baratas, que habían llegado a la gran masa y que se podían adquirir por un par de Kopeken
(pág. 375). 

Esto explica sus deseos de visitar Rusia; sin embargo, explica que lo que me lo impedía era el hecho que, a cada persona que viajaba, se le pedía anticipadamente, una toma de partido a favor o en contra y se le obligaba a estar, públicamente, a favor o en contra (págs. 375 y 376).

Zweig no quería comprometerse de esta forma. En todo su libro, tú ves que, siendo muy abierto; era una persona totalmente apolítica.

Cuenta que, a inicios del verano de 1928, se le presentó la oportunidad de viajar a la Unión Soviética sin tener que manifestarse a favor o en contra. Recibió una invitación como delegado de Austria, a la celebración de los cien anos del nacimiento de Leo Tolstoi. Recordemos que Zweig había estudiado y escrito acerca del gran ruso (1). No había ninguna razón para rechazar la invitación, ya que la invitación no era en absoluto, política. Tolstoi, como apóstol de la no violencia no podía ser cosiderado un bolchevique. Y hablar de él como poeta, es algo que me correspondía, ya que mi libro se había publicado en muchos miles de ejemplares. Asimismo, me parecía un homenaje de todos los escritores europeos al más grande de ellos (pág. 376).


La imagen de Wikipedia nos muestra Yasnaya Polyana. De 22 de mayo de 2011. La agradecemos a Celest.ru

A continuación, cuenta de su viaje y de conversaciones y encuentro con muchos escritores y editores, durante sus 14 días en la Unión Soviética: en Moscú, Leningrado (San Petersburg), al dominio de Tolstoi, Jasnaja Poljana, en Tula. En casas de algunos literatos, en reuniones, en el marco del Homenaje a Tolstoi, la gran cena con que se cerró el Congreso.

Zweig estaba impresionado de la calurosa y carinosa acogida con que se le había recibido en la Unión Soviética, de la forma en que se lo celebraba y cómo la masa lo amaba. Dice que esto es lo que llevó a otros escritores a escribir fervorosamente a favor del nuevo sistema. Él no la llama así; pero yo hablaría de adulación, una estrategia que desprecio profundamente (2). Explica que, pertenece a la naturaleza humana pagar generosidad con generosidad, exaltación y entusiasmo (Überschwang) con exaltación y entusiasmo, lo que explicaría la alabanza ilimitada de algunos intelectuales occidentales que habían visitado Rusia después de la Revolución de Octubre.

El que yo no haya caído en esta embriaguez, se debe más que a mis propias fuerzas, a un desconocido, cuyo nombre no conozco y no conoceré nunca. Luego de una celebración con estudiantes, en que me rodearon, me abrazaron y me estrecharon la mano. Yo estaba encendido de su entusiasmo, totalmente alegre al ver esos rostros vivaces, cuatro o cinco me acompanaron a mi casa; toda una tropa; la traductora que me habían puesto traducía todo lo que ellos me decían.

Recién después de cerrar la puerta de la habitación de mi hotel, estuve reamente solo, por primera vez, desde hacía doce días, estaba solo. Ya que, durante los días anteriores, siempre estuve rodeado, resguradado, vigilado, transportado por olas cálidas.

Comenzaba a sacarme la ropa, cuando escuché un crepitar en el bolsillo de mi chaqueta. Era una carta en francés, una carta que no me había llegado por correo, una carta que alguien de los muchos que me habían abrazado, me había colocado en el bolsillo.

Una carta sin firma, una carta inteligente y muy humana; una carta llena de amargura por cada vez mayor restricción de la libertad que había tenido lugar durante los últimos anos. "No lo crea todo", me escribía el desconocido, "no crea todo lo que le dicen. No olvide, considerando todo lo que le dicen, todo lo que le muestran, todo lo que no le muestran, lo que no le dicen. Recuerde que todo lo que le dice la mayoría de los hombres que hablan con Ud. que no le dicen lo que le quieren decir, sino sólo lo que les está permitido decirle. Todos estamos siendo vigilados y Ud. también, no en poca medida. Su traductora informa cada (pág. 385) palabra. Su teléfono es escuchado, cada uno de sus pasos es controlado".

Me dió una serie de ejemplos y detalles que no estaba en condiciones de comprobar. Sin embargo, quemé la carta, como me había pedido: "No rompa esta carta, ya que la sacarán del papelero y unirían los trozos de la misma para reconstruirla".


Después de hacer una reflexión que no traduzco aquí pero invito a leer en el libro original, concluye: casi todos los escritores que volvían de Rusia, publicaban un libro lleno de entusiasmo o de amargura. Yo no, sólo escribí un par de artículos. Hice bien con esta moderación... (pág. 386).



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(1) Drei Dichter ihres Lebens. Casanova – Stendhal – Tolstoi. (= Die Baumeister der Welt, Band 3), Insel, Leipzig 1928.

(2) ... como dejé muy claro en mi post El Zalamero

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