lunes, 21 de septiembre de 2015

La integración de los refugiados


En mi nuevo blog de columnas, en el post Nuestros hermanos los refugiados, comenté uno de los aspectos del artículo de Karen Horn que tenía que ver con el planteamiento del cardenal Marx sobre la filiación divina como motor de la integración de los refugiados.

Hoy me gustaría referirme a otro aspecto importante. En su excelente artículo Charity must be the first response to the immigration drama, la pensadora liberal alemana nos dice:

En primer lugar, la pensadora liberal se refiere a lo que ella llama el denominador común de la mayoría de las preguntas de los ciudadanos que están "preocupados". Tales como: ¿Cuál es el tamano de la inmigración a la que pueden hacer frente a las sociedades europeas? ¿Qué va a hacer de nosotros? ¿A dónde llevará a Europa, todo esto? ¿Y a dónde llevará esto a Occidente? ¿Qué pasará con nuestra forma de vida evolucionada, con nuestras leyes, normas e instituciones sociales? ¿no se transformarán dramáticamente con la llegada de los refugiados? ¿Cómo hacer frente a este cambio masivo? ¿Vamos a tener la fuerza para defender nuestro sistema legal frente a la sharia? ¿Qué pasa con el capital social y la cohesión? ¿Qué pasa con el choque de civilizaciones que predijo Huntington? ¿Y si los inmigrantes son un caballo de Troya de los yihadistas?

Horn asevera que son "preguntas importantes"; pero que, frente a estas preguntas importantes, abundan las respuestas histéricas. Sí, lo compruebo día a día...

En primer término, pienso que la ley tiene que ser respetada por los inmigrantes (ver Los refugiados son un enriquecimiento) y también por las personas que hoy llamamos juguetonamente: bío-alemanes. Y, evidentemente, también por ciudadanos europeos de países del sur que han llegado a Alemania en busca de una vida económicamente mejor. Sí, hay que defender el sistema occidental de gobierno; pero no sólo de los refugiados. A mí me parece que el mayor peligro proviene hoy -en toda Europa- de los grupos extremos, especialmente -en Alemania- de la extrema derecha y del extremo conservadurismo o conservantismo, con su ideología conspiranoica, antidemocrática, antifeminista, antiliberal, etc. De los llamados ciudadanos peligrosos, a los que me he referido en las últimas semanas.

Pienso que, ante la pregunta si vamos a poder defender nuestro sistema legal, deberíamos preguntarnos si realmente, quiénes suponen que los refugiados desean implantar la sharia, están convencidos de la importancia de nustro sistema legal, constitucional y judicial o si ellos mismos no son quienes lo desprestigian y dudan de él o abiertamente lo atacan, como también atacan a sus defensores. No creo en la honestidad en la defensa de nuestro sistema democrático de vida de parte de quienes permanente niegan la democracia, la liberación de la mujer, el respeto hacia los homosexuales, la libertad de nuestra prensa y sostienen que vivimos en una dictadura y que vamos para peor.

El periodista alemán Richard C. Schneider, hijo de sobrevivientes del Holocausto, escribe en un excelente artículo, Judentum 2.0: Auch wir waren Flüchtlinge (también nosotros fuimos refugiados), publicado en el semanario judío Tacheles, esta semana que, si bien, no se puede comparar la ola de refugiados actual con la de los judíos en tiempo del nacional socialismo.

Y explica: los estados que reciben a los refugiados deben aprender de los errores de las últimas décadas y evitarlos. Hay que integrar a estas personas y no dejarlas abandonadas a sí mismas, ensenarles los valores fundamentales de Europa (para eso, hay que vivirlos, digo yo) que se empapen de estos valores y los hagan suyos (einschwören), de su código ético, y que no se permitan las sociedades paralelas. Dado el estado actual de Europa, el autor tiene dudas de que los estados europeos sean capaces de hacerlo.

Yo creo que hay, en estos estados europeos, demasiada gente aún -pero cada vez menos, y espero que esta sea una tendencia perdurable- que no reconoce, ni acepta estos valores europeo-occidentales: de partida, los manifestantes de Heidenau o de Pegida en Dresden, decididamente no los aceptan. Pienso que inculcar estos valores no es sólo una labor del estado, no es sólo algo que se debe hacer "desde arriba"... Sino que es una misión de toda la sociedad, de todos nosotros.

El estado no puede impedirlo, sino que tiene que facilitarlo, fomentarlo, impulsarlo. No lo fomenta, sino que más bien lo impide cuando, por ej. envía a los refugiados a barrios geográfica y virtualmente cerrados, cuando no los deja salir del hogar en que los recluyen ni menos aún cuando permite cerrar las puertas de los mejores colegios a los hijos de extranjeros, que son nuestro futuro.

Cuando la clase más burguesa organiza acciones contra hogares de refugiados en su cercanía, tampoco contribuye a la tradición de valores europeo-occidentales.

Pongámosnos rápido las pilas, porque esta es una labor de todos nosotros y el tiempo apremia ;)